Ésta semana me vi frente a una situación
que me llevó a recordar que a veces la vida nos obliga a soltar el
salvavidas para enseñarnos a nadar a mar abierto…
Si un empleo, una idea, un concepto,
objeto, persona, relación o lo que sea nuestro salvavidas, no está produciendo las felicidad que merecemos, debemos considerar seriamente soltarlo, dejarlo ir, y
comenzar a nadar hacia nuestros sueños, esos que tal vez están escritos en un
papel, encerradas en el cajón de la mesita de noche.
Sé que no es tan fácil como decirlo,
que requiere tiempo y una buena plática con la almohada, pero correr el riesgo
siempre será una buena opción si esto traerá consigo la oportunidad de ser
feliz.
Tomar una decisión soñadora, de esas
que los demás juzgan duramente y jamás entienden, que nos pide a gritos
abandonar viejos hábitos para abrirnos a la posibilidad de lo nuevo, lo bueno y
lo mejor, requiere un gran compromiso personal y mantener la vista en el
objetivo todo el tiempo, mucha perseverancia y confianza en nosotros mismos.
Al igual que nadar, para hacerlo bien, hay
que soltar el salvavidas, liberarnos del equipaje, la ropa, la gente que no
está guiándonos a ser mejores y dar las mejores brazadas hasta llegar al destino
que perseguimos, flotando con la corriente que marca el corazón.
Recuerda siempre quien eres, y sé tú, la persona que encara su vida para dejar una huella positiva o un impacto en la historia, para inspirar a otro y sobre todas las cosas, para ser feliz.
Un gran abrazo,
Ness.

