13 semanas en México y lo mejor de la experiencia está en la gente
amable, tranquila, sencilla y noble, que me voy encontrando en cada calle.
Cuando me pierdo, puedo caminar tranquilo, pues la gente normalmente me ayuda a encontrar las direcciones.
Al entrar a una tienda, sólo a ver cosas o preguntar por precios, siempre termino con una conversación amena con el/la vendedor/a... una vez, Guadalupe, la señora de una tienda de regalos, me regaló (valga la redundancia) chocolates, aunque no le había comprado nada.
En las plazas, ascensores o en el metro suelo tener conversaciones cortas con desconocidos... hasta he podido recomendar mis libros favoritos y en ocasiones les hago preguntas sobre su pintura o colores preferidos (siempre obtengo respuestas asombrosas).
Una vez, conocí a una muchacha llamada "Amor", me reí mucho con el eslogan que había hecho de su nombre "aunque te molestes conmigo debes llamarme Amor".
Todos saben que vengo de otra parte, aunque no identifican fácilmente de dónde es mi acento. Algunos se emocionan con mi historia, ninguno se resiste a hacer preguntas y lo mejor del caso es que siempre puedo establecer algo de sinergia y empatía con cada uno de mis entrevistados, que me han ayudado a descubrir lo lindo y querido de México.
En definitiva, lo mejor de estar aquí es poder compartir pequeños instantes con personas, la mayoría anónima, que día a día van por ahí, contando su historia a través de una sonrisa.
Comentarios
Publicar un comentario
Estás invitad@ a dejar tu huella...